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ORIGEN DE LA DIETA MEDITERRÁNEA

Se puede decir que la dieta mediterránea no tiene un origen como tal, sino que ha sido el resultado de las diferentes costumbres culinarias y sociales que han tenido, durante milenios, las múltiples civilizaciones que han habitado la cuenca del Mediterráneo.

Lo que sí podemos determinar es cuándo empezó a utilizarse el término actual de «dieta mediterránea».

En el año 1958, el epidemiólogo  Leland G. Albaugh, realizó un estudio sobre el modo de vida de los habitantes de Creta y entre otras cosas, comparó su alimentación con la de EEUU.

Poco después, y siguiendo esa misma línea de investigación, el fisiólogo norteamericano  Ancel Keys, realizó un famoso estudio sobre las enfermedades coronarias, el colesterol en sangre y la forma de vida de siete países (Italia, Yugoslavia, Grecia, Países Bajos, Finlandia, Estados Unidos y Japón), en el cual se pudo observar que la incidencia de enfermedades coronarias era notablemente inferior en las zonas rurales del sur de Europa y Japón, que en el resto de los países.

Desde que se realizó este estudio y hasta el día de hoy, nadie ha podido rebatir que la dieta mediterránea es sin ninguna duda, una de las más saludables del planeta.

Pero, ¿en qué consiste realmente la dieta mediterránea?

¿EN QUÉ CONSISTE LA DIETA MEDITERRÁNEA?

Pues la dieta mediterránea es mucho más que un listado de alimentos permitidos o aconsejados. Realmente es un estilo de vida, en el que además de una alimentación saludable, están implicados otros factores como el ejercicio físico, la exposición al sol, e incluso, algunos factores sociales y culturales como las reuniones familiares y con amigos. Esas cosas también influyen en nuestra salud, y está claro que los mediterráneos somos de juntarnos y disfrutar de las buenas compañías (piensa en españoles, griegos, italianos…).

De hecho, en el estudio de Keys, todavía no se utilizaba el término «dieta mediterránea» sino «mediterranean way».

Describieron este estilo de vida como «muy activo físicamente (por la escasa mecanización de la agricultura), frugal, y con una ingestión predominante de productos vegetales y reducida en productos de origen animal.

En los orígenes de la dieta mediterránea, el consumo de carne roja era muy moderado. Dentro de las carnes, se consumía más la carne blanca (aves y conejo) y la fuente principal de proteína animal eran los pescados (en especial los azúles de tamaño pequeño o medio como sardinas, caballa, jureles…) y algunos productos lácteos, como queso y yogur (no leche) y principalmente de cabra y oveja.

Los huevos también entran dentro de los alimentos característicos de este tipo de dieta, pero no son un alimento básico.

A nivel de proteínas, esta vez vegetales, lo más consumido eran legumbres como garbanzos, judías y lentejas.

Pero la base de una buena dieta mediterránea son sin duda las verduras y hortalizas. Éstas deben ser el componente principal de cualquier comida (incluso el desayuno).

Como fuente de grasa principal, nuestro querido «oro líquido», el aceite de oliva virgen extra. En la medida de lo posible, intenta comprar esta variedad de aceite, evitando las variedades refinadas, de mucha menos calidad.

También nos proporcionan grasas saludables los frutos secos, semillas y las aceitunas (además del pescado azul).

Algunas especias son también muy típicas del mediterráneo, como el orégano, tomillo, romero, albahaca y aunque no sea una especia, el ajo es prácticamente imprescindible en cualquier receta mediterránea.

Y por último estarían los cereales, principalmente el trigo, pero importante, en su versión integral. Hay que tener también en cuenta, que el trigo que se comía durante la primera mitad del siglo XX y antes claro, no es el que comemos ahora, tan genéticamente modificado, que para muchas personas se ha hecho prácticamente indigesto, ya que poco tiene que ver con el trigo original, y nuestro código genético, no lo reconoce como alimento.

Pero bueno, esto es otra historia… Quédate con que si comes trigo, lo mejor es comerlo 100% integral y si no, puedes probar con otros cereales (más saludables a mi manera de ver) como la espelta, el centeno, o la avena, pero siempre INTEGRALES.

Las frutas por supuesto no pueden faltar en nuestro «menú mediterráneo», pero siempre eligiendo las que estén de temporada (igual que las verduras) y si puede ser, de proximidad, es decir, no compres bananas de Costa Rica si tenemos plátano canario, o patatas de Francia si tienes muchas otras opciones de producción nacional.

El vino está actualmente dentro de los alimentos que conforman la pirámide alimenticia de la dieta mediterránea, pero ojo, con mucha moderación. Lo encontramos en el último sector de la pirámide, considerado de «consumo ocasional».

Y por último, no olvidemos el ejercicio físico.

En el estudio original,  Leland G. Albaugh destacó los «largos paseos al sol» característicos de los habitantes de Creta. No te quepa duda que ese factor fue determinante para que el estado de salud de los participantes del estudio fuese notablemente mejor que el de los norteamericanos.

Quizá lo de dar un largo paseo al sol a diario pueda parecerte un «lujo» en la frenética vida que muchos llevamos hoy en día, pero si quieres estar tan saludable como los cretenses de los años 50, sí o sí deberás sacar un mínimo de 30 minutos diarios para caminar o hacer alguna otra actividad física, y a ser posible, al aire libre.

El contacto con la naturaleza, el sol, el mar… es mucho más poderoso de lo que te imaginas, tanto para la salud física como para la salud mental y emocional.

Y ahora te invito a que hagas una reflexión. A pesar de vivir en España, ¿consideras que realmente llevas una «dieta mediterránea? Piensa en ello y cuéntamelo en los comentarios.

Si eres de los que creen que NO siguen una dieta mediterránea, pero te gustaría poder hacerlo y comer de una manera saludable y lo que es mejor, hacerlo fácilmente y sin esfuerzo, échale un vistazo al CLUB BE HEALTHY BE HAPPY.

¡Y nada más!

Un abrazo fuerte.

Alba.

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